

Al llegar la hora de la comida nos encontramos en el interior de un entoldado preparado como restaurante con algunos conocidos en la cola para comprar el tiquet. Comimos todos juntos y luego tomamos un café en un bar cercano.
De vuelta a la feria entramos en una carpa llena de miniaturas de maquinas, libros, revistas, catálogos y piezas pequeñas de segunda mano . Nos podíamos haber quedado toda la tarde mirando, buscando y rebuscando en aquel mercado.
El idioma no fue un problema para negociar y llegar a acuerdos, con el euro todo es más fácil.
El tiempo había pasado muy rápidamente y empezaba a anochecer. Había que regresar y después de las últimas compras, nos despedimos de algunos amigos y regresamos al coche.
Eso si de vuelta por la noche hubo que tener mucha atención a los carteles de la autopista para no perdernos.
Algunos hicieron buenas compras, otros no, pero todos nos llevamos un buen recuerdo de todas aquellas piezas clásicas que para algunos no son más que trastos viejos y para nosotros son verdaderas joyas que apreciamos y cuidamos.
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